24 de noviembre de 2011

Robert Louis Stevenson

Edimburgo, Escocia, 1850 - Vailima, Samoa, 1894


Hijo de una familia de constructores de faros, pasó su infancia entre médicos y tutores. Años de enfermedad lo llevaron a definirse como «un sobreviviente entre crudos vientos y pertinaces lluvias», y a decir: «No he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos». Cursó estudios de ingeniería y se graduó en leyes. Cuentos, ensayos, poesías, novelas, crónicas de viajes… Stevenson abordó con maestría los más diversos géneros literarios ofreciendo siempre la felicidad y el asombro. Tras cruzar el Atlántico y los Estados Unidos se desposó con Fanny Osbourne, a cuyo hijo Lloyd dedicó La Isla del Tesoro, narración publicada originalmente por entregas entre octubre de 1881 y enero de 1882 en la revista Young Folks, y bajo el seudónimo de Captain George North. Un año más tarde se editaría como libro. Stevenson cultivó la amistad de Leslie Stephen, de Henry James, de Mark Twain, así como también la de ladrones y marineros, con quienes se divertía participando en concursos de blasfemias. «La risa era entonces nuestra ocupación principal», escribió refiriéndose a sus amigos, y hasta les dedicó un ensayo a la pereza. Autor de Las nuevas noches árabes (1882); Los colonos de Silverado (1884); El dinamitero (1885); El príncipe Otón (1885), El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), con la que alcanzó el éxito literario, o Flecha negra (1888), se estableció con su familia en la Polinesia en 1889. Fue uno de los primeros occidentales en denunciar el maltrato colonial. Al salir de prisión merced a los oficios de Stevenson, el jefe Mataafa mandó construir un camino hasta el hogar de su benefactor, que se llamó, que aún se llama, «vía de la gratitud». Los nativos lo llamaron Tusitala, ‘el narrador de historias’. Murió en su hogar de Vailima a causa de una hemorragia cerebral. Cumpliendo con su voluntad, los amigos se abrieron paso en la espesura y le dieron descanso en lo alto del volcán Vaea, de cara al mar.

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